Una encuesta de GSK revela que el 78 % de los adultos con patologías crónicas teme que el herpes zóster afecte su vida
En una rosa solo percibimos su belleza, pero sus espinas pueden causar un dolor punzante al rozar la piel. De manera similar, el virus del herpes zóster permanece latente en el organismo y, cuando se reactiva, puede provocar un dolor intenso, incapacitante e incluso prolongado en algunas personas, especialmente a partir de los 50 años o en aquellas con el sistema inmunitario debilitado. La aparición del virus suele ser imprevisible, lo que subraya la importancia de concienciar y dar a conocer la enfermedad.
Con motivo de la Semana Mundial de Concienciación sobre el Herpes Zóster (23 de febrero al 1 de marzo), GSK ha lanzado la campaña ‘La espina invisible’, destinada a aumentar el conocimiento y la sensibilización sobre esta patología. Como metáfora del herpes zóster, rosas simbólicas acompañadas de información sobre los síntomas y complicaciones recorrerán tres ciudades españolas: Valencia (24 de febrero), Madrid (25 de febrero) y Sevilla (26 de febrero). Además, en la página web https://virusherpeszoster.es se ofrece información adicional sobre la enfermedad.
Herpes zóster: un virus latente
El virus varicela-zóster, causante de la varicela, permanece latente en el organismo tras la infección inicial, pudiendo reactivarse años más tarde como herpes zóster. Por ello, todas las personas que han pasado la varicela —más del 90 % de la población adulta en España— están en riesgo de desarrollar esta enfermedad. Se estima que una de cada tres personas entre 50 y 90 años sufrirá un herpes zóster a lo largo de su vida, y la probabilidad aumenta a una de cada dos a los 85 años. Este riesgo se incrementa con el envejecimiento, tratamientos inmunosupresores o la presencia de enfermedades crónicas.
Cuando el virus se reactiva, los síntomas iniciales incluyen picor, dolor localizado de tipo quemante o descargas eléctricas, generalmente en un solo lado del cuerpo (tórax, abdomen o cara), dolor de cabeza y malestar general, con una duración de entre uno y cinco días. Tras esta fase, se desarrolla la fase aguda, caracterizada por enrojecimiento de la piel y pequeñas ampollas agrupadas en racimos, acompañadas de dolor punzante, de ahí el nombre popular de “culebrilla”.
Al cabo de unos diez días, las vesículas forman costras que suelen tardar entre dos y cuatro semanas en desaparecer. Sin embargo, en algunos casos puede aparecer neuralgia postherpética, un dolor persistente tras la curación de la erupción que puede prolongarse meses o incluso años. Este dolor, de tipo neuropático, puede agravarse con estímulos como el roce de la ropa o el aire, afectando significativamente la calidad de vida, el descanso, el humor y las relaciones sociales.
El 20 % de los casos de neuralgia postherpética se presenta entre los 60-65 años, y el 30 % en mayores de 80 años.
Según la Dra. María Madariaga, presidenta de la Sociedad Española del Dolor, “el herpes zóster provoca dolor intenso en los primeros meses de la infección, y la neuralgia postherpética puede persistir tras la curación de las ampollas. Se trata de una complicación muy incapacitante, especialmente en adultos mayores, y uno de los cuadros de dolor más complejos de tratar en las unidades de dolor”.
Otras complicaciones menos frecuentes incluyen problemas oftálmicos (pérdida de visión o ceguera), otitis como el Síndrome de Ramsay-Hunt, complicaciones cardiovasculares, infecciones pulmonares o sobreinfecciones cutáneas.
Impacto en la calidad de vida y percepción del riesgo
Las personas mayores de 50 años y con enfermedades crónicas presentan mayor riesgo de complicaciones por herpes zóster. Por ello, GSK realizó una encuesta a más de 6.000 adultos de esta franja de edad en 10 países (Australia, Austria, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Japón, Polonia y Emiratos Árabes Unidos) con patologías como diabetes, enfermedad cardiovascular, renal, asma o EPOC. Los resultados muestran que la enfermedad y su impacto en la vida diaria son una fuente de preocupación, así como un área con margen de mejora en información y conocimiento sobre su prevención y manejo.
En concreto:
78 % de los encuestados teme que el herpes zóster altere su vida cotidiana.
54 % nunca ha hablado de la enfermedad con un profesional sanitario.
25 % no percibe correctamente que sus patologías crónicas pueden afectar su sistema inmunitario y aumentar el riesgo de herpes zóster.
Entre quienes han padecido herpes zóster, 42 % reporta dolor intenso que alteró su día a día, y hasta un 33 % asegura que el dolor les impidió trabajar o realizar actividades cotidianas.
Ante estos datos, María José Muñoz, directora médica de GSK España, afirma: “Nuestro compromiso en la Semana de Concienciación es dar visibilidad a una enfermedad que no siempre es bien conocida, pero que puede causar un dolor intenso, simbólicamente como la espina de una rosa. Reforzamos así nuestro compromiso con la divulgación en salud y trabajamos de la mano de profesionales sanitarios para acercar conocimiento y concienciación sobre patologías que afectan a una parte importante de la población”.