La migraña genera en España una carga socioeconómica anual que supera los 76.000 millones de euros entre los adultos con diagnóstico médico, una cifra que abarca desde los costes sanitarios hasta las pérdidas de productividad, el impacto en la calidad de vida y los gastos directos asumidos por los propios afectados.
Así lo detalla el informe ‘MigrAtlas: La huella de la migraña en España’, elaborado por Pfizer España en colaboración con la Fundación Weber, que ofrece una radiografía integral del impacto clínico, económico, social y medioambiental de esta patología.
El peso del absentismo, el presentismo y el infradiagnóstico
Según el documento, cerca del 90% de esta carga económica no recae sobre el presupuesto del Sistema Nacional de Salud (SNS). Las pérdidas de productividad laboral acaparan cerca del 60% del total (45.441 millones de euros), destacando especialmente el presentismo —trabajar con un rendimiento disminuido debido a los síntomas—, que por sí solo concentra más de 34.500 millones. Por su parte, los costes intangibles por la pérdida de calidad de vida rondan los 20.000 millones de euros.
El informe también pone el foco en el infradiagnóstico: de los cerca de 8 millones de adultos que presentan síntomas compatibles en España, unos 3 millones carecen de diagnóstico oficial, y el retraso medio para obtenerlo se sitúa en torno a los seis años. Además, aunque el coste por paciente se dispara en los casos crónicos (hasta 31.500 euros anuales frente a los 14.570 de la forma episódica de baja frecuencia), son los pacientes con menos días de síntomas quienes concentran el grueso de la carga total por su mayor volumen poblacional.
El impacto se extiende también a la población pediátrica y juvenil, con más de 652.000 menores de entre 6 y 17 años afectados y un coste asociado de unos 659 millones de euros, impulsado principalmente por el absentismo escolar y laboral de sus progenitores.
Retos asistenciales y la voz de los expertos
El análisis revela importantes barreras en el recorrido asistencial, como el hecho de que casi el 30% de los pacientes que acuden a urgencias no sean derivados a atención primaria o que solo un 8% salga con un tratamiento pautado. Asimismo, se advierte de que el 15% de los adultos diagnosticados corre riesgo de uso excesivo de medicación sintomática, una cifra que asciende a uno de cada dos pacientes en los casos crónicos. A esto se suma una baja persistencia en los tratamientos preventivos, que cae al 30% al año de su inicio.
Para el doctor Robert Belvís, coordinador del Grupo de Estudio de Cefaleas de la Sociedad Española de Neurología (SEN), «una identificación temprana permite conocer mejor sus características y abordar su evolución de manera adecuada, lo que puede contribuir a mejorar la calidad de vida de los pacientes y reducir su impacto personal y profesional». En la misma línea, la doctora María Varela, médico de familia y representante de la SEMG, subraya que la atención primaria ocupa una posición clave para prevenir la cronificación mediante la detección precoz y una mejor coordinación asistencial.
Una hoja de ruta hacia el futuro
Desarrollado con la participación de la Asociación Española de Migraña y Cefalea (AEMICE) y un comité multidisciplinar de 15 sociedades científicas y profesionales sanitarios, el proyecto busca cambiar la percepción social de la enfermedad. «Visibilizar sus consecuencias permite comprender que no estamos ante un dolor de cabeza menor, sino ante una enfermedad neurológica compleja que merece reconocimiento, atención y planificación», señala José Chaves, director médico de Pfizer España.
Como solución, MigrAtlas plantea una hoja de ruta con 26 propuestas concretas divididas en cuatro áreas clave: formación y sensibilización, optimización de la atención en urgencias y el entorno laboral, mejora en el seguimiento del paciente e implementación de herramientas digitales para garantizar un abordaje más eficaz y sostenible.