Con la bajada de las temperaturas, muchas personas notan que sus dolores de cabeza se vuelven más frecuentes e intensos. No es una coincidencia: la migraña afecta a más de 5 millones de personas en España y es la primera causa de discapacidad en adultos menores de 50 años.
Pero, ¿qué tiene que ver el clima con el dolor? El Dr. Jorge Máñez, neurólogo del Instituto de Neurociencias Vithas, nos explica por qué el invierno es una época crítica para quienes padecen esta patología.
El «estrés térmico»: El enemigo invisible
El frío no solo nos hace tiritar; provoca cambios reales en nuestro sistema nervioso. Los principales desencadenantes invernales son:
Cambios de presión y luz: Los días más cortos y los cambios atmosféricos bruscos alteran el equilibrio cerebral.
Vasoconstricción: El frío estrecha los vasos sanguíneos y luego los dilata de golpe, activando el nervio trigémino, la vía principal del dolor migrañoso.
Sustancias inflamatorias: El descenso de temperatura favorece la liberación de serotonina y otras sustancias que sensibilizan el sistema nervioso.
Contraste térmico: El paso repentino de la calefacción al frío exterior genera una respuesta inflamatoria inmediata.
El papel del estrés: Un detonante en el 70% de los casos
Si al frío le sumamos el estrés diario, el riesgo se multiplica. Se estima que 7 de cada 10 personas con migraña ven empeorar sus crisis en periodos de tensión.
El estrés activa la respuesta de «lucha o huida», liberando cortisol y adrenalina. A largo plazo, esto aumenta la sensibilidad al dolor, provoca contracción muscular en cuello y mandíbula, y altera el equilibrio hormonal (especialmente en mujeres), facilitando la aparición de nuevas crisis.
Guía de supervivencia para el invierno
Para evitar que las migrañas te detengan estos meses, los especialistas recomiendan seguir estas pautas:
Protégete del exterior: Usa ropa adecuada y, sobre todo, protege la cabeza y el cuello del viento frío.
Cuidado con los cambios bruscos: Intenta que la transición entre ambientes cálidos y fríos sea gradual.
Hidratación constante: El aire frío y seco deshidrata el cuerpo igual que el calor, lo cual es un factor de riesgo para el dolor de cabeza.
Rutina estricta: Mantén horarios regulares de sueño y alimentación. Evitar el ayuno prolongado es vital para mantener estable el sistema nervioso.
Gestión emocional: Practica técnicas de relajación para reducir los niveles de cortisol y evitar la tensión muscular.
Conclusión
La migraña no es solo un «dolor de cabeza fuerte»; es una condición neurológica que responde al entorno. Entender cómo nos afecta el clima y el estrés nos da el control para prevenir las crisis antes de que empiecen.
¿Has notado que tus migrañas empeoran con el frío? ¿Qué trucos utilizas para combatir los cambios de temperatura en invierno?